The space… between.

Juntos eran dos titanes, dos gacelas ágiles, dos células madre con la habilidad de formar a un ser humano desde los cimientos, óvulo y espermatozoide; pero por separado no podían contener el desplazamiento de los continentes, no podían evitar que donde había océano surgieran dos orillas. Ante mí se abría un camino, igual que cualquier otro que pudo haberse abierto, igual que cualquiera de los otros que se abrieron.
Entré a ella sin encontrar obstáculos pero tampoco márketing, no hizo falta. Llevaba ambas manos cogidas, acompañadas, largos y vigorosos brazos salían de cada mano por lo que siempre sentí libertad, o al menos espacio. Una era un barco en una montaña rusa con una energía tan solo propia de la vida, y el trayecto daba vistas de todo tipo: cuevas, montañas, noches, atardeceres de playa, planos por encima de las nubes y cielo abierto. La otra era un vendaval que venía para llevarse algunas cosas y dejar otras, a veces no traía muchas pero al menos siempre quedaba mucho espacio para caminar, para construir. Creo que por el momento ha sido el billete más amortizado que he tenido.

A día de hoy me cuesta ver y aún entender por cuántos sitios he pasado, cuántas veces por el mismo y cuántas veces he creído estar caminando sin hacerlo. Es lo que más cuesta, pero sólo te das cuenta cuando tienes perspectiva. Es un bosque perfecto. Es perfecto. Parece un cine 3D en el que no sabes ni cuándo empieza la peli ni cuándo te has quitado las gafas. Pero un día eres consciente de que ya no las llevas y te ves, hay una ventana al exterior que refleja quién eres por dentro.
De repente ya no es un cine, ni un bosque, ya no es perfecto y en realidad nunca lo ha sido. A tu lado está la puerta por la que en su día entraste, que curiosamente no se ha ido y probablemente sea la misma por la que has entrado siempre, una y otra vez, sin poder distinguirla. Te ves a través de esa ventana y tienes la llave en la mano, es la primera vez que tienes la oportunidad de cerrar la puerta.

Ha pasado el tiempo y no sabes cómo de lejos has ido, pero la puerta está en el mismo sitio y tu mundo ha cambiado mucho. En todo ese tiempo ha habido más caminos abiertos, más manos te han agarrado fuerte o te han rozado en un intento vago y has visto paisajes de muchos otros sitios. Has visto cómo se movían otros continentes y cómo los que por separado dejaban de ser titanes se convertían en personas a tu lado. Has podido disfrutar de otras energías e incluso sentir que dejabas de tenerlas. Y a pesar de todo eso, estás al lado de esa misma puerta igual que la primera vez, pero ahora entiendes que tan solo es uno de los múltiples yo y que en todo ese tiempo han crecido otros.

Giras la llave y la puerta se cierra con un insignificante ‘click’. Tan solo hacía falta ‘click’ para cerrar la puerta.

El momento y el sabor

Estoy sentado y miro hacia adelante, todo lo que sucede en mi cuerpo y en mi cabeza lo hace en un único sentido, hacia adelante, son vectoriales como el tiempo en el que transcurren. Es este hecho el que me hace pensar en el ahora. Nos hace finitos. Estar quieto en un sitio es ir hacia adelante, correr mucho, correr menos, recordar, profundizar o salir, todo es ir hacia adelante, dar vueltas también lo es, perder el tiempo también lo es. Preocuparse por lo estético de las cosas, olvidarse de los objetivos y de las cosas importantes, centrarse en generar un cambio en nuestras vidas, pararse a tomar decisiones, olvidarnos del mundo y dejar que nos lleve, rectificar, descubrir…

 

Un año tiene 52 semanas y cada una de ellas la engullimos como una unidad finita, específica, digerible y muy perceptible, pero no sucede lo mismo con el tiempo total que tenemos. Cuánto son 10 años de vida joven? Cuánto 20 años de vida con buen estado de salud? Cuánto son 2 años para invertir en un proyecto de futuro? Cuánto son 5 años en una perspectiva de la vida dirigida por unas necesidades u objetivos? Cuánto y cuántos el tiempo necesario para recuperar o alcanzar algo inmaterial?
Cuando me paro a pensar en el trayecto que hacen los hilos desde esas realidades hasta los detalles diarios que las generan me doy cuenta de que son obras maestras entre las montañas rusas, son viajes que les echan cojones a la exploración del Universo y quizá ganen. Entonces me pongo a pensar, en cuántas cosas de esas del día a día soy consciente? En cuántas soy influyente? Cuáles al mismo tiempo que dar pie a esa realidad son también pilares en mi zona de comfort ante la vida? Cuáles son los que están ligados a mi integridad y a mi cohesión?

 

Esto es lo que me hace pensar que una persona que aún está en la flor de la vida y goza de buena salud (apenas 50 años) me diga que aproveche, que soy joven y puedo hacer muchas cosas, que ella estaría todo el día moviéndose y que es consciente de que sólo le quedan 15 o 20 años de vida y muchos menos de calidad de vida, está a la misma distancia de ahí que de mí.
Todo esto me hace pensar, no sin antes desmontarme. Lo que me dijo fue un viaje de vértigo, directo a la médula y sin anestesia, hay que aprovecharlo porque suceden muy pocos de estos.

 

Gracias.

El mar desde que lo recuerdo

Desenfundar es quitar la funda, desollar es extraer el interior, desentrañar es descubrir el interior y descubrir es quitar la cubierta, y a pesar de esto no he podido ver que desfondar es quitar el fondo. Creo que se debe a la diferencia entre una bañera y el mar, la primera viene determinada por un recipiente cuya cara inferior hace de “fondo” por el efecto de la gravedad y la segunda es en sí ella misma. Es una de las cosas que he aprendido de nadar en él, aunque soy consciente de la existencia de los maremotos, las corrientes marinas, las aguas agitadas, el “fondo” abisal.

La primera vez que fui a la Cala Morisca fue una primera vez para mí. La cercanía con una de las partes más personales del mar me abrió la puerta a un nuevo mundo y no pude decirle que no a explorar. Conocí rocas, peces, formas, fauna, comportamiento del mar, muchas peculiaridades… No se quedó sin darme a conocer otras caras que yo no iba buscando. Estaba cerca de una roca frente a la cara del acantilado y decidí investigar qué había alrededor, me moví pensando que todas las caras eran iguales, que no importaba cómo me moviera pues no afectaría lo que tenía que decirme, hasta que me encontré entre la roca y el acantilado. Apenas había dos metros para moverse y las olas rompían fuerte agitando todo el agua que había, la profundidad era muy poca. De repente no sabía dónde estaba, lo que era el mar era otra cosa y todo lo que me había conducido hasta ese momento se había transformado en un instinto de supervivencia. Tras unos pocos segundos conseguí salir de allí y me quedó claro un poco más lo que es el mar.

El mar no es una bañera, pero tengo la suerte contar con él, aunque a veces me traiga sorpresas inesperadas por mi desconocimiento o ideas. Hoy me ha pillado desprevenido, pero sé dónde está el mar y lo que ofrece, lo que es y lo que le prefiero a las bañeras.

Constancia

Es curioso cómo esta palabra habla del futuro, no te traslada a lo que pasará algún día, si no a lo que estará sucediendo cada día, parece más un presente con expectativas, o algo así. Así que supongo que es una buena manera de empezar algo, aunque la verdadera razón por la que hablo de ella es para recordarme la importancia de seguir, no lo que empiezo, sino lo que ya está empezado.